Por qué dejar tus compras de Navidad para última hora podría ser algo bueno

Por qué dejar tus compras de Navidad para última hora podría ser algo bueno

Sólo faltan unos días para Navidad y la gente ya está dando los últimos retoques a sus preparativos: decidiendo los platos definitivos del menú de Nochebuena, colocando ese espumillón que falta, o buscando ese complemento esencial para Nochevieja.

¿Pero y qué pasa si eres una de esas personas que ha dejado sus compras de Navidad para última hora y te tienes que pasar estas horas finales buscando frenéticamente regalos para familias y amigos, corriendo de lado a lado? Bueno, pues te aliviará saber que esto podría ser algo bueno.

Hay estudios sobre los procesos de toma de decisiones que muestran que hacer compras espontáneas, de esas que no procesamos mucho, podría ser la manera más inteligente de comprar.

Te explicamos el motivo.

 

Los riesgos de pensar y analizar todo demasiado

En general, solemos considerar que cuanta más información tengamos sobre algo, nuestras decisiones serán mejores. Pero hay ocasiones en las que demasiada información puede jugar en nuestra compra.

Tomamos miles de decisiones cada día: qué comer, qué vestir, qué escribir en el móvil, y todo esto sin mencionar las decisiones dentro del trabajo. Pero en esos momentos en los que deliberamos de manera interminable sobre los pros y los contras de alguna decisión, gastamos una gran cantidad de energía imaginando posibles consecuencias y prediciendo nuestros instintos y habilidades

Muchas veces sabemos cuál es la respuesta adecuada gracias a la experiencia y a información que ya tenemos de antes. Sin embargo, cuando nos dedicamos sólo a recopilar información, valorando unas y otras opciones, podemos terminar enmarañando lo que podría haber sido una decisión fácil.

 

Por qué dejar tus compras de Navidad para última hora podría ser algo bueno

 

Toma una decisión y sigue adelante

En su libro Inteligencia Intuitiva, Malcolm Gladwell nos muestra la importancia de los dos primeros segundos al tomar una decisión. Una de las conclusiones del libro es que las decisiones espontáneas son igual de valiosas que aquellas que sopesamos durante más tiempo.

Funcionamos mejor cuando tomamos decisiones instantáneas basadas sólo en la información limitada (pero esencial) de la que disponemos. Una vez tenemos este criterio básico, ya nos encontramos en posición de decidir. Pero muchas veces nos obsesionamos con tomar la “decisión perfecta”, lo que nos hace gastar más tiempo y energía, a pesar de que podríamos haber dado un paso mucho antes y con menos información.

Piensa en cuando buscas hoteles por internet. Utilizando criterios básicos que ya tenemos, como localización, precio y servicios, en la mayoría de casos seríamos capaces de reservar una habitación de manera muy rápida. Pero lo que suele ocurrir es que nos dejamos llevar por otro montón de información, como las opiniones de otros viajeros, que alargan el proceso de manera innecesaria.

 

Haz las compras navideñas sobre la marcha

Y ahora, en plena temporada navideña, volvemos a caer en el mismo error: complicamos tanto los procesos de decisión que baja nuestra eficiencia al realizar estas compras.

Tener menos tiempo para analizar de más cada detalle del regalo perfecto es, de hecho, una ventaja, y es bastante probable que tomes mejores decisiones de esta forma.

Así que, si estás a punto de salir a todo correr al centro comercial a comprar los regalos de tu familia y amigos, confía en tu intuición y escoge la primera opción. No sólo ahorrarás tiempo, sino también energía.

¡Felices compras!