Jamás olvidaré el día que cumplí 30 años. Me desperté y en la mesa contemplé el fantástico desayuno que mi novio había preparado: café, un bol de fruta y tostadas con aceite y tomate. La media hora siguiente me dediqué a desenvolver los regalos mientras mi móvil no dejaba de vibrar con felicitaciones de cumpleaños. Y me sentí la chica más afortunada del mundo.

Mis amigos organizaron una fiesta sorpresa en mi restaurante favorito. La comida estaba deliciosa, con mención especial a la tarta casera que me habían preparado. Después de que todos me felicitarán, me agaché frente a las velas y mi amiga Natalia me dijo: “Cumples 30 años, pide un deseo especial”.

Miré a todos con una sonrisa y noté el silencio. Consideré un momento cuál podría ser mi deseo, pero en el fondo ya lo sabía. Me volví a acercar a la tarta y mientras soplaba las velas pensé para mí misma: “Quiero terminar la media maratón de Madrid este año”.

La vida es una maratón

 

Concentración y entrega

Al día siguiente me apunté a la media maratón de Madrid, que se iba a celebrar exactamente en 10 meses.

Yo siempre había sido muy buena en educación física, incluso me planteé estudiar para ser una entrenadora personal o algo parecido. Y, sin embargo, las vueltas de la vida, terminé trabajando como desarrolladora de software.  Me encanta, pero estar sentada en una oficina enfrente de un ordenador no es exactamente el estilo de vida saludable que me habría gustado tener.

Siempre había querido correr una media maratón, pero, por un motivo u otro, nunca había dado el paso. Pero a partir de entonces, con 30 años, todo iba a cambiar. En esta nueva década iba a hacer realidad cosas que no hice durante mi veintena.

 

Preparación y finalización

Empecé a levantarme a correr a las 7 de la mañana, cuatro días a la semana, lloviera o tronara. Empecé corriendo un poco más cada vez, hasta llegar a una media de 10 kilómetros al día. Para prepararme para la media maratón, hablé con compañeros con experiencia en esto del running y leía artículos con consejos en la pausa para la comida.

Cuatro semanas antes, un amigo me enseñó una regla de oro: jamás se deben estrenar zapatillas el día de la carrera. Es más, conviene haber corrido con ellas al menos 60-80 kilómetros.

De repente me encontré frente a este problema: necesitaba zapatillas nuevas, tenía que pagar el seguro del coche y además me iban a pasar los cargos del teléfono y otros servicios. En resumen, mi sueldo del mes iba a ser devorado por las facturas.

Había entrenado mucho y muy duro, y quería dar lo mejor de mí misma. Ser capaz de completar la carrera sin ninguna excusa. Así que necesitaba comprar esas zapatillas nuevas. ¿Pero cómo?

El tiempo era un factor fundamental, necesitaba el dinero lo antes posible para comprar las zapatillas y empezar a entrenar inmediatamente con ellas. Entonces fue cuando descubrí el Crédito Flexible de Ferratum Money. Rellené la solicitud en unos pocos minutos, sin documentación ni papeleos. Al instante vi una notificación en pantalla diciendo que se me había concedido el préstamo y que me realizarían la transferencia lo antes posible.

Al día siguiente pude comprar mis nuevas zapatillas de running y enfrentarme a la cuenta atrás para la carrera.

La vida es una maratón

 

¡Objetivo cumplido!

Al cruzar la línea de meta me esperaban los gritos de ánimo y felicitación de mis amigos y familiares. Y empecé a llorar. No sólo había conseguido terminar la carrera, sino que además lo había hecho en un tiempo mejor que el que esperaba.

Semanas después, el efecto positivo de terminar la carrera se contagió a otros aspectos de mi vida. Me apunté a estudiar un grado en ciencias de la actividad física y el deporte mientras seguía trabajando en mi compañía.

Hoy puedo decir con orgullo que soy profesora de educación física en una escuela de secundaria… ¡y me encanta! Siempre he querido ayudar a los demás y es exactamente a lo que me dedico.

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