La libertad de elegir

La libertad de elegir
10-10-2017

Seamos sinceros: a pesar de todo, vivimos tiempos cómodos, ¿verdad? La libertad de elección que tenemos en nuestro día a día es increíble. Basta con darte un paseo por tu supermercado de confianza y echar un vistazo a la inmensa cantidad de productos que ocupan sus estanterías.

De camino al trabajo, te puedes preguntar: “¿Qué me apetece hoy, un café con leche de soja o un capuccino descafeinado?”, “¿Me compro el último Android o tiro con mi iPhone un poco más?”. Estamos malacostumbrados a elegir.

Para nosotros, los habitantes del mundo occidental, las opciones son casi ilimitadas. No sólo para bienes materiales, sino también para cada decisión que tenemos la libertad de tomar. Tenemos que tomar decisiones de forma constante.

 

¿Demasiadas decisiones?

Un adulto toma infinidad de decisiones cada día. ¿Sabes que sólo antes de las 9:00 ya has tomado 12 decisiones? ¿O que tomas 200 decisiones al día relacionadas con la alimentación? Pero la realidad es que, a pesar de que tomamos tantas decisiones, muchas veces no pensamos en ellas demasiado. Cada vez que escogemos, sin embargo, se van formando nuestra identidad y nuestras vidas.

Elegir una vocación, una empresa o el barrio en el que vivimos son decisiones conscientes. Pero son las pequeñas decisiones del día a día, esas en las que no nos paramos a pensar, las que también contribuyen notablemente a nuestras vidas. Al fin y al cabo, a pesar de ser pequeñas, también son decisiones.

 

Tu percepción influye

Nuestras elecciones también dependen del color del cristal con que miremos. Cómo gastamos el dinero también es una elección. ¿Eres de los que piensas que nunca te llega el dinero para todo lo que quieres? ¿Te estresas por dinero o simplemente lo ves como una herramienta útil?

A veces, ante situaciones así, ya intuimos que una decisión no será fácil, por lo que la posponemos. ¿La ironía? Que aplazar una decisión también es una decisión en sí misma.

 

Toma la decisión adecuada para ti

Es importante ser consciente de las decisiones que tomamos en la vida. A veces decidimos cosas basándonos en las opiniones de otros (amigos, parejas, familia) y luego no entendemos cómo es posible que no vivamos la vida que nos gustaría.

Con el dinero, ocurre igual. “¿Qué significa que gaste mi dinero en X? ¿Sería igual de feliz si lo gastara en Y?”. Por eso resulta conveniente hacerse esas preguntas, analizar actos pasados y entender cómo hemos tomado ciertas decisiones, para tener más herramientas en futuras disyuntivas.